No soy Juana Rivas

No habrá ningún hashtag ni ninguna foto por parte mía porque la solidaridad en esta civilización en la que, por suerte o por desgracia (elija usted mismo) nos ha tocado vivir, la de la desinformación, es un concepto que muchos confunden con una compasión sensiblera, un "quedar bien" de Twitter o Facebook o Whatsapp, de red social. La solidaridad tiene sentido si proviene de la razón y el entendimiento pero no vale nada cuando no tiene más profundidad que la que los medios de comunicación nos venden —porque es lo que hacen. Por eso, yo no soy Juana Rivas ni la tengo escondida en mi casa.

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Será el caso bien conocido pero Juana Rivas y Francesco Arturi se conocieron en Londres. Iniciaron una relación de la que nació su primer hijo. Al poco tiempo, en 2009, Juana Rivas denuncia a su pareja por maltrato y la Justicia le dio la razón: Francesco Arturi es condenado a tres meses de prisión y a un año de alejamiento. Pasan los años y Juana Rivas decide darle otra oportunidad y se va a Italia. En 2015 nace su segundo hijo y un año después, en mayo, Juana Rivas decide abandonar definitivamente su pareja y, de forma encubierta, coge a sus hijos y vuelve a España. ¿Secuestro o proteccionismo?

Peluches, juguetes, velas y pancartas en la puerta de la casa de Juana Rivas no solucionan nada, ni las falsas campañas de autoinculpación en las redes sociales con el hastag “#YoSoyJuanaRivas” o “#JuanaEstaEnMiCasa” entre otros. Eso sólo sirve para dar morbo. Lo que hacen falta son respuestas a preguntas que casi siempre son incómodas. Eso soluciona las cosas, las respuestas. En una de las pancartas (en la foto) se podía leer: "¿Es un padre maltratador igual a un buen padre?", pues esta misma pregunta es la primera que nos debemos hacer: ¿tiene derecho un padre a estar con sus hijos un vez cumplida la condena o se le debe prohibir cualquier contacto? ¿Debe perder un maltratador la patria potestad? Sinceramente, yo soy completamente incapaz de responder a estas preguntas y eso que de un maltratador sólo pienso lo peor. La violencia de género es muy fácil de identificar porque el hombre que golpea a una mujer difícilmente tocaría a Anthony Joshua; lo hace porque cuenta con la superioridad de fuerza física.

Lo que alarma del caso de Juana Rivas es que las campañas que se desatan a su favor ya dan las preguntas por contestadas cuando lo único que conocemos es la historia que se produce (porque a veces ni es la real) en las noticias. Lo que alarma de esta sociedad en la que se promulga la igualdad es que la mujer normalmente tiene la razón y en contadas ocasiones se escucha al hombre.

Yo no soy Juana Rivas ni la tengo escondida ni quiero que la conviertan en una heroína de la lucha contra la violencia de género con una campaña de falsa solidaridad. Yo quiero, sin conocerla, a Juana Rivas y a sus hijos y siento con ella el dolor de todas las víctimas de malos tratos, pero eso no quita que yo no soy ella.