La Roca

Una piedra grande en medio de la nada, un paraíso fiscal. Eso, y nada más que eso, es Gibraltar para España. Los griegos y los romanos conocían el lugar como los dos pilares de Hércules, el final del mundo conocido y el principio del desconocido. Antes de que Colón descubriera América, uno de los finales del mundo se encontraba en Gibraltar; la ciudad de Tarifa significa “el fin de algo”, por ello, “traspasar Tarifa” significa aún hoy ir más allá de los límites.

El 1 de noviembre de 1700, Carlos II el Hechizado moría sin descendencia. Con él, los Austrias perdían la corona de España y comenzaba uno de los mayores conflictos de sucesión del reino. Apenas un año antes de su muerte, lo hacía su sucesor pactado, por lo que Carlos II tuvo que reescribir su testamento nombrando al francés Felipe de Anjou, en oposición a su esposa y regente que apoyaba al archiduque Carlos de Austria. El 22 de enero de 1701, Felipe V de España emprendería un viaje a Madrid en el que sería presentado como monarca español.

Esta nueva alianza entre franceses y españoles no fue bien vista en el resto de Europa, formándose pocos meses después la Gran Alianza de la Haya, uniendo los intereses de Gran Bretaña, las Provincias Unidas de los Países Bajos y el Sacro Imperio Romano Germánico. La tensión creciente hizo que en mayo de 1702 esta alianza declarase la guerra a España y Francia, apoyada por los nacionales fieles al Archiduque Carlos, comenzando así la Guerra de Sucesión Española que se extendió durante 12 años y los múltiples acuerdos y batallas impiden que pueda extenderme en exceso, por lo que me centraré en lo que tuvo lugar en agosto de 1704: el Asedio y la Toma de Gibraltar, que había mostrado fidelidad a Felipe V.  

El 1 de agosto, una flota anglo-holandesa con el almirante George Rooke al mando llegó a las costas gibraltareñas. El objetivo del ataque era imponer la fidelidad al archiduque Carlos en la plaza de Gibraltar. Para ello, situó un total de 61 navíos totalmente equipados, con más de 30.000 tripulantes, en la bahía de Algeciras frente al puerto de Gibraltar, que sólo con una fortificación medieval construida más de 100 años atrás, y una población de tan sólo 5.000 habitantes. El Sargento Diego de Salinas, tan pronto como avistó el gran ejército frente a la costa, reunió a los escasos mandos militares para defender la plaza. Aquel mismo día comenzaron las cargas artilleras de los navíos británicos y se enviaron dos cartas, una firmada por el comandante del ejército austriaco Jorge de Darmstadt y otra por el archiduque Carlos, pidiendo su inmediata rendición y el reconocimiento como rey legítimo de España. La rendición no tuvo lugar y en tan sólo un día de dura batalla, Gibraltar terminó cayendo en manos británicas, pero su población no se rindió a manos del archiduque, por lo que el 6 de agosto prácticamente la totalidad de los habitantes huyeron a poblaciones cercanas. De todas maneras, una vez la ocupación estuvo hecha, el almirante Rooke decidió nombrar el peñón bajo soberanía de la reina Ana de Inglaterra, lo que conllevó que durante los 9 años siguientes tropas españolas y francesas intentasen recuperar sin éxito el territorio ocupado. Las hostilidades terminaron en 1713, con la firma del Tratado de Utrecht, que reconocía la posesión británica de Gibraltar, siendo cedido el peñón con perpetuidad y con una única cláusula: si el territorio dejaba de ser británico, España tendría derecho a recuperarlo. Repito, “con perpetuidad”.

Ahora, con las negociaciones del Brexit, está siendo un quebradero de cabeza para las autoridades británicas, pues necesitan llegar a un acuerdo con España para continuar con su separación de la Unión Europea.

Si España está tan interesada por Gibraltar es porque reúne todas las condiciones de paraíso fiscal, que atrae a numerosas organizaciones relacionadas con el crimen organizado deseosas de ser invisibles. El atractivo de Gibraltar para empresas multinacionales es evidente: el territorio forma parte de la Unión Europea, lo que implica acceso al mercado único, pero a la vez tiene autonomía fiscal, bajísimos impuestos y regulaciones muy flexibles. No sorprende, por tanto, que la roca sea el paraíso de las empresas de apuestas online. En el peñón, además, no hay IVA ni impuesto de patrimonio o sobre las rentas de capital.

Por si fuera poco, en un territorio de apenas 30.000 habitantes se han llegado a vender 117 millones de cajetillas de tabaco anuales (si se consumieran en la roca, equivaldría a más de 10 paquetes diarios por habitante, niños incluidos), propiciando acusaciones de contrabando a nivel europeo. 

Gibraltar español podría ser relevante para España para la oferta laboral que alivia el paro ya endémico pero por poca más.

Podrían dejarse de patrañas y reconocer que España es el bufón de los 27 y que Gibraltar pertenece a Inglaterra porque hace 300 puñeteros años lo defiende y porque la Costa del Sol –donde los gibraltareños y sus camaradas tienen la pasta– vive de la colonia. Así que declaremos Gibraltar inglés de una maldita vez. Acabemos con este cretino entremés. Además, un pimineto les importa a los monos que por ahí pululan ser españoles.