La civilización de la desinformación

¡Biiiip! ¡Biiiip! Me llega un vídeo en un grupo de WhatsApp. ¡Biiiip! ¡Biiiip! «Esto es en Lleida». Reproduzco el clip y veo un supermercado, diría que es un Mercadona. Los empleados están perfectamente alineados como militares en los pasillos y detrás de las cajas, parece una inauguración. No hay nadie hasta que medio minutos después se abren las puertas y empieza a entrar gente, humanos. Veo a mujeres con el hiyab, algunas con el chador y a muchas más con el shayla. Otras sin velos y con vestimenta europea, española; muchos de los varones son de tez morena y algunos llevan pantalones pirata, otros pocos no. En un instante esa nave se ha convertido en el aeropuerto de Palma en pleno agosto.

Al mensaje de que ese vídeo fue grabado en Lleida le siguen otros de tipo «pobre personal», «Dios mío», «esto no da risa» y emoticonos de caritas sonrojadas, entre otros. Mi reacción es de sorpresa. Me extraño porque aunque es cierto que la población musulmana en dicha provincia es elevado, del 9%, la comunidad extranjera dominante es la rumana, no la musulmana. Rumana. Hago una búsqueda rápida en Google y al escribir “Mercadona Lleida” me aparece ese mismo video, miro las noticias y ¡voilá!: dicho vídeo pertenece a la apertura del primer Mercadona en… Ceuta el pasado 13 de Septiembre. Es un bulo. Así cuadra todo. Si abres un comercio en China, la mayoría de clientes tendrán los ojos medio cerrados, en Argentina dirán “boludo”, en Senegal serán de cutis negro y en Ceuta serán en su mayoría musulmanes. 

Este simple hecho me demuestra que vivimos en la era de la desinformación y que somos la civilización que todo lo creemos. Esta es la edad de oro de las “fake news”.

Para hablar de información en nuestros días hay que hablar de conexión, porque para más de la mitad de la población del primer mundo, internet y las redes sociales son la primera fuente de acceso a las noticias y opiniones (no los libros, ni la televisión, la radio o la prensa escrita).

En la actualidad Internet es una importante fuente de material didáctico con que cualquier persona que sepa leer y tenga acceso a la red puede aprender todo lo que quiera (desde a coser un botón a fabricar bombas). Pero no es oro todo lo que reluce. Nos encontramos ante tiempos de falta de rigor y veracidad. Ante tiempos donde imperan el anonimato y la falta de control. Ante tiempos donde la repetición es sinónimo de verdad. En una red donde la comunicación es fácil, barata y accesible, las mentiras se convierten en verdad a base de ser compartidas millones de veces.

En este mundo del “todo creerlo” damos un me gusta y un compartir al comentario o a la noticia sin fundamento ni base, sin saber que hay detrás, nos quedamos con el titular sin leer nada más, sin profundizar, porque a simple vista nos parece interesante. Nos envían un vídeo o una noticia e inmediatamente la pasamos a nuestros contactos de WhatsApp sin saber que les estamos enviando.

Tenemos la desgracia de vivir en un época en la que se trilla el trigo, se recoge la paja que queda por encima y se deja el grano.

Clientes en la zona de perfumería.  El Mundo

Clientes en la zona de perfumería. El Mundo