Bestias

Usuarios que acosan insistentemente, publican fotos e información personal de otros con el único fin de hacer daño. Envidia, maldad, amores frustrados o no correspondidos que vuelcan sus iras en el muro de personas públicas (y no públicas) a las que no pueden acceder.

Cuando el toro mató a Victor Barrio sentí lástima y luego asco por muchas publicaciones en Twitter. Había gente celebrando la muerte del hombre. La gentuza reprimida –esta que malvive en la calle y sobrevive en la red alimentándose de sus propias vejaciones, difamaciones, insultos, maldiciones y empapando con su bilis a los demás– encuentra en las redes sociales el lugar donde dar rienda suelta a su penuria existencial. El movimiento animalista a veces parece más bien bestialista (como el feminista, pero ese ya es otro tema). Si nos movemos sólo en el terreno sentimental, cabría pensar que los animalistas son personas sensibles que manifiestan en su defensa del bienestar de los animales: todo ello no se compadece con la brutal agresividad que en ocasiones muestran estos "amigos de la fauna" poco sensibles con el sufrimiento de nuestra especie. Yo entiendo que hay quien sufre por ellos y siente un odio visceral por el maltrato animal pero no entiendo que se aplauda la muerte de alguien y dudo mucho que estos animales digitales que “apoyan” al toro por su asesinato si se vieran ante la viuda de dicho torero o si conocieran a los banderilleros y toreros a los que dicen odiar, siguieran siendo tan radicales y duros como en sus tuits. Lo dudo tanto…

En los enfrentamientos, internet nos convierte en psicópatas. La seguridad de la distancia nos permite insultar gente que no conocemos de nada y nos prohíbe comprender sus argumentos. Yo sospecho, repito, que muchos de estos bárbaros se mostrarían más educados cara a cara, frente a frente.

Sé que usted hoy me considerará un desgraciado o un machista o un taurino por lo que escribo pero también sé que me daría el buen día si fuéramos vecinos. Cuando sostenemos el móvil somos demasiado canallas. Esto también demuestra que de las tonterías que decimos en internet a los actos, por fortuna, suele haber un abismo.

Como ocurrió con la modelo Bimba Bosé o con el niño Adrián (quien quería ser torero antes de que un cancer le robará los sueños), los odiadores salen indemnes. Triste refugio, el de Internet, por tanto odio que sólo puede ocupar un par caracteres.