Modernidad no es vulgaridad

Según la RAE, algo o alguien que “se considera poco refinado, de poca educación o mal gusto” es vulgar mientras lo “innovador, avanzado o que sigue las últimas tendencias y pertenece al presente” es moderno. Decía Jaime Peñafiel en un artículo ya con historia para mí que las monarquías deben “modernizarse pero no vulgarizarse”, pienso lo mismo, pero de los medios de comunicación. En los últimos años la televisión, en un fallido intento de modernización, se ha vulgarizado por completo con programas del corazón, espacios de entretenimiento basados en citas a ciegas, operaciones quirúrgicas o supervivencia sin ropa, presentadores y tertulianos sin formación ni modales y series de ficción repletas de palabras malsonantes y escenas soeces. Y es que ya lo decía Don Javier Marías en “Grosería nacional impostada”, que España es el país peor hablado.

Los medios de comunicación de masas influyen directamente sobre las personas, pero no solamente eso, sino que también median en las elecciones, las costumbres, el consumo y la opinión pública. La búsqueda de mayor audiencia, la guerra entre medios y la intervención en algunos programas de personas poco formadas son los motivos por los que los medios de comunicación españoles, principalmente la televisión, han vulgarizado su lenguaje y sus contenidos. Por desgracia, veo difícil solución a este problema ya que ese tipo de espacion dan mucho dinero, el “todo vale” está más vigente y aceptado que nunca; si algo da audiencia, no hay que cuestionarse si es o no es ético o si se habla mal o bien. En la última media década, además, se ha impuesto la llegada a platós de personajes de los más diversos orígenes en los que la audiencia premia su gracejo y sus vulgaridades como parte del espectáculo en el que el lenguaje es solo un elemento. 

No sé si ustedes lo veran como yo, pero a mí me está escamando mucho la cantidad de excesos que estamos viendo últimamente en televisión y que luego se arreglan con cara de arrepentido y unas disculpas en la pequeña pantalla. –¿Por qué no te vas a petar culos por ahí y me dejas en paz de una puta vez?, esta respuesta pertenece a unos de los episodios de la ya finalizada y aún exitosa serie Física o química (Antena 3), que vieron más de tres millones de personas. Se emitía de noche, fuera del horario de protección de menores, y usaba un lenguaje muy descarnado. Esto ocurre ahora en series como La que se avecina (Tele 5): Ven aquí, cabronazo. ¡Yo te mato! ¡Te mato! ¡Te mato! o Pescadero, cabrón, ¿Pero cuándo te vas a morir?;  en programas como Sálvame (Tele 5): ¿Cuándo he dicho yo eso, payaso? Eres muy incómodo y un metemierda; o en canales como Intereconomía, donde pudimos oír que los adjetivos de puta y malfollada le van como anillo al dedo. En los medios españoles las palabrotas están a la orden del día.

En este país no somos nada estrictos. Para empezar, no existe una norma ni un organismo independiente que sancione el taco en sí. La Ley de Televisión sin Fronteras no contempla como infracción el lenguaje insultante en TV, pero sí contiene un capítulo específico dedicado a la protección de los menores. El artículo 17 regula la protección de los menores frente a la programación, estableciendo un horario (entre las 18.00h y las 22.00h) en el que no podrán emitirse “programas, escenas o mensajes de cualquier tipo que puedan perjudicar el desarrollo físico, mental o moral de los menores”. Entre 2004 y 2008, la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones consideró que se habían cometido siete infracciones de este tipo (frases del tipo “mi hija no es ningún zorrón”) e impuso multas por un importe medio de 180.000 euros cada una. Casi todos los autores de dichas palabras eran concursantes de realities (de los que todas las cadenas emiten resúmenes en horario protegido), entrevistados a pie de calle o colaboradores de la prensa rosa.

Los medios de comunicación, además de la TV también Internet, se han conformado con un mercado de productos vulgares, diferenciándose lo cultural y periodístico por un lado –casi inexistente– y lo generalista por el otro. La televisión es un producto generalista, prestando al público poca capacidad para elegir

En un principio, la cuestión fue que la información no era accesible para todo el mundo debido al formalismo del lenguaje pero ahora que lo es, el problema es que no es ecuchable. Hacer la información comprensible no es hacerla vulgar, es facilitar que todos la entiendan y tengan la misma posibilidad de conocer y opinar sobre temas que afectan a la actualidad. En conclusión, el uso masivo de las tecnologías de la información está haciendo que se produzca un cambio en los medios de comunicación en general, que al estar al alcance de todo el mundo necesitan simplificar su manera de informar. Además, está suponiendo el declive de la prensa escrita, la cual se mantiene actualmente de los beneficios de la publicidad.

Una de las posibilidades para reducir este fenómeno puede ser una mayor regulación, como la que existe en los Estados Unidos de Trump. Otra opción mucho más factible es la de eliminar de las pantallas a los personajes responsables de dicha vulgarización.