Mamá, quiero ser influencer

Un influencer es una persona que por su presencia e influencia en redes sociales puede llegar a convertirse en un prescriptor interesante para una marca.

Un micro-influencer es una persona con menos de 10.000 seguidores en las redes sociales que pone cara (patrocina) a las marcas.

La celebrity tiene un principal factor diferenciador, y es que es conocido fuera de las redes sociales. La fama en la vida real se extrapola a las redes sociales y viceversa, esto quiere decir que es bidireccional. Son ejemplos de estos grupos actores, cantantes, presentados, deportistas, escritores, etc.

Los micro influenciadores, micro-influencers en inglés, corren un gran riesgo de experimentar ansiedad y problemas de salud mental como resultado de las presiones a los que tienen que enfrentarse en las pantallas.

Los micro-influencers son personas con menos de 10.000 seguidores en las redes sociales –mayoritariamente Instagram, pero también en Twitter– que reciben dinero de marcas por promocionar sus productos. Elvira Bolat y Parisa Gilani, de la Universidad de Bournemouth, entrevistaron a doce micro-influencers, quienes en su mayoría publican imágenes que muestran sus perfectos e ideales estilos de vida. Estos micro-influencers generalmente comenzaron publicando sus pasatiempos, ganando, poco a poco, una cantidad considerable de "Likes" y seguidores, lo que los llevó a aumentar la confianza en sí mismos y motivó a seguir publicando.

Sin embargo, al escribir en The Conversation, los investigadores afirmaron que rápidamente son dependientes de los números de “me gusta” y comentarios que reciben, lo que puede llevar a una baja autoestima, depresión y otros problemas de salud mental si los resultados no son los deseados o esperados. Algunos de los sujetos, por ejemplo, han experimentado ansiedad como resultado de compararse con otros bloggers. Estos problemas se ven, adivino, agravados por los comentarios truculentos y crueles que pueden escribir los seguidores, olvidando que el micro-influencers o influencer es también un humano.

A diferencia de las celebridades (actores, escritores, deportistas de élite, etcétera), los influencers no han pasado por la preparación habitual para estar en el centro de atención. Afortunadamente –y seguramente a consecuencia de la necedad humana– la Autónoma de Madrid pondrá en marcha el primer curso universitario de formación para influencers, nombre que bien podría ser el de unos parásitos alienígenas salidos de alguna película de serie B de los 70. Vamos, que a partir de ahora podremos distinguir entre influencers universitarios y los autodidactas. Ágatha Ruiz de la Prada es la directora honoraria del curso, y por si fuera poco, el único requisito es ser mayor de edad y no es ni necesario tener aprobada la selectividad.

Ojo, que no quiero decir que los influencers no influyan en cosas, me consta que lo hacen, pero nunca he pensado que lo hagan porque sí. Su poder de prescripción es real, tanto como la cantidad de tontería que se mueve a su alrededor y el dinero que las empresas tiran haciéndoles la pelota. Porque hace ya bastante que empezamos a leer informes que decían eso: la influencia de los influencers no es tanta; para empezar, porque sus nichos de influencia son eso: nichos. Básicamente nadie sabe quién es Dulceida (así, sin apellidos, como las auténticas estrellas), o para qué servía Pelayo antes de salir en Cámbiame pero en su círculo de influjo sí tienen cierto poder. Lo que pasa es que ese radio de acción no es el que las marcas que los agasajan (o directamente pagan, como profesionales que se supone que son) pretenden depredar. Como los youtubers post-adolescentes famosísimos, sus números son a la vez gigantescos y endebles, pues a la compra de suscriptores y seguidores se une la realidad de que quien sigue a estos nuevos famosos de la red muchas veces sigue cobrando de sus padres una paga semanal. Que para juegos de la Playstation igual sí que da, pero para estilismos estrafalarios de Off-White…  

Todos hemos leído los mensajes al chef Dabiz que cierta blogger le enviaba pidiendo comer en DiverXo, su restaurante en Madrid, por su cara bonita, o a Jorge Lorenzo (de Tapas 2.0) al límite de la extorsión, a quién además de comer gratis le pretendían cobrar 100€ por "sacarlo en YouTube nombrándolo" y "muchos Stories", (en un email en el que uso del lenguaje dejaba mucho que desear). Por si fuera poco, a menudo, incluso amenazando con ponerles a parir en las redes sociales si no reciben trato especial o alojamiento gratis en un hotel o cosas por el estilo. Esto sólo se puede explicar de dos maneras: 1) simplemente por ausencia de juicio y sensatez –como dice, refiriéndose a otro tema que ahora no viene a cuento, Toni Nadal en el muy recomendable Todo se puede entrenar o 2) en España, la picaresca se remonta al Lazarillo de Tormes

No seré yo quién denigre a estos personajes porque sí pero, por favor, matadme si alguna vez me presento a mí mismo como "influencer".  Si no sabes distinguir entre personas y personajes es que no has entendido nada.