Volver

Vives en Londres (o en Alemania), trabajas poniendo pintas en un pub (o cervezas en el Ocktoberfest de cualquier mes), haciendo sándwiches de gambas, pepino y mayonesa en un Eat (o salchichas de caballo en un carrito en plena calle) o, en el mejor de los casos, estudiando. Cuando tienes unos días de vacaciones lo único que haces es coger un vuelo y volver a casa, tu casa, la casa donde creciste, donde hay tu hogar, tal vez tus amigos, seguramente tu familia o incluso tu pareja. Esta es la realidad de muchos jóvenes españoles instalados en el el extranjero y que ven a años luz subirse a un avión para descubrir mundo nuevo.

Pasados los primeros momentos de euforia tras el aterrizaje, tu aterrizaje, llegas a casa y notas que todo sigue igual, es algo más bien aburrido. De repente, te sientes como un ministro dando citas y organizando la agenda, sin tener que cocinar, hacer lo compra o preocuparte por cosas banales y terrenales. Al final del día, llegas a tu lar cansado y con la sensación de haber contado la misma cosa treinta veces. Otra impresión que se tiene al volver a casa es que paradójicamente echas en falta cosas de «tu otro país» (porqué acéptalo: le llamas así). También echas de menos a Harry, Helen, Dom y a la gente que conocer en ese lugar. Por si fuera poco, cuando vuelves a tu casa por un tiempo determinado, redescubres tu ciudad, en la que llevabas toda tu vida viviendo y que sin embargo ahora te parece un lugar nuevo, renovado, te paras embobado mirando esa tienda que tanto te gustaba y ya no está. También te das cuenta que algunos vecinos ya se han ido y que han llegado de nuevos. Toca también desaprender esas costumbres a las que poco a poco te has ido adaptando en tu otra residencia. Cuando uno vuelve a sus orígenes (porque esto es lo que es cuando vas a casa de vacaciones) pareces un turista más que cuando se sienta en una terraza va buscando el sitio donde hace más Sol mientras los demás quieren sentarse dentro, donde hay la calefacción (porque en Londres, abundar abundan muchas cosas, pero no Sol).

Lo que pasa cuando se vive fuera es que empiezan a pasar los meses y los años y, más allá que algún fin de semana visitando a un colega que está viviendo como tú en otra capital, tu concepto de vacaciones ha cambiado. Dejas de relacionar Jamaica con vacaciones. Dejas de relacionar Nueva York con vacaciones. Dejas de relacionar Japón con vacaciones. Tus escapadas ahora consisten en un fin de semana en casa debido a celebraciones familiares –léase boda, cumpleaños contigo como sorpresa, bautizos o similares–, pero eso de hacer los típicos viajes largos que está haciendo todo el mundo a Tailandia o Cuba, ni pensarlo. 

Descubres también que en ciertos aspectos te has, en mi caso, anglicado y te sorprende, por ejemplo, la cantidad de aceite o ajo que se usa para cocinar. También se te antoja la comida que no encuentras con facilidad en tu otro país (por ejemplo las Quelitas, de las que no soy fan pero que cuando estoy de vuelta al útero materno no puedo resistirme a comer alguna que otra). He pensado alguna vez si esto irá a más; si cada vez habrá más parte de mi sintiéndose extranjero en su propia tierra. No lo creo, la verdad. Porque aunque que me sienta muy bien viviendo fuera, en casa también se está bien. Pese a que es verdad que creas un círculo de amigos, gente a la que ves casi cada día, a los que terminas por echar de menos cuando no los ves, yo percibo esa añoranza como una suerte. Una suerte de tener gente a la que importo y que me importa en ambos lugares. Suerte de disfrutar los dos lados de la moneda, que en contadas ocasiones se puede hacer. Suerte de poder aprender lo bueno de unos y de otros… Volver, sea donde sea, por lo que de verdad importa.

Ya lo decía Frank Sinatra que “it's very nice to go trav’ling / To Paris, London and Rome / It’s oh so nice to go trav’ling / But it's so much nicer, yes it's so much nicer, to come home” [“es muy bonito ir de viaje / A París, Londres y Roma / Oh es tan bonito ir de viaje / Pero es mucho más bonito, sí, es mucho más bonito volver a casa”]… y ahora ya, o paro de cantar y escribir o me deja el avión, porque yo soy de esos, de esos que en vacaciones se van a casa, a Manacor, unos días. Así que ¡Feliz Navidad a todos y nos leemos en 2019!

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (16/12/18)