El boli rojo

No deja de sorprenderme el perverso sistema educativo español. El Gobierno socialista ha decidido sugerir la octava reforma de la actual y polémica ley educativa LOMCE para encubrir el fracaso escolar y la Ministro de Educación Isabel Celaá ha anunciado recientemente su fantástica nueva ocurrencia (nótese la ironía): que se pueda obtener el título de Bachillerato (educación previa a la universidad) con una asignatura suspendida –hasta ahora dicha etapa sólo se superaba si se estaba limpio, sin suspensos. Sin duda, una de las peores ideas que podía haber tenido porque ahora los alumnos osarán a elegir a qué asignatura no dedican un segundo de su tiempo… y lo dice alguien que estuvo en dicho sistema educativo hasta hace dos años…

Decía Celaá, defendiendo su nuevo proyecto, que es “un gran favor” a los estudiantes pero yo le digo que es un maldito dardo envenenado. Dar el título de Bachillerato con una asignatura pendiente significa rebajar la exigencia en la educación pública agigantando el abismo entre quienes pueden pagar una buena educación privada (o concertada) y los que no tienen más remedio que acudir a la corrompida educación pública. Durante mi etapa educativa suspendí alguna vez y eso jamás me afecto más de 24 horas, nunca me traumatizó ver mi examen lleno de tachaduras en rojo (verde, en lengua) y diría que tampoco a mis compañeros. Bajar la exigencia al nivel de los mediocres simboliza ser inmerecido, arbitrario, desaforado con los sobresalientes. Esta pueblo necesita a la flor y nata, a los mejores; y elite lo puede ser cualquiera, sólo se tiene que trabajar para serlo. Parece que en España la educación está centrada a borrar y excluir la excelencia abocándonos al adocenamiento. En la sociedad del mérito, valor y comodidad, la generación de riqueza depende del talento y la innovación de sus personas y empresas. Son dos de los pilares en los que se construye el futuro. Si se prostituye la enseñanza, la concepción de intelecto flaqueará.

Nuestro sistema educativo necesita ser más exigente con el colegial. Nuestro sistema educativo tiene que dar más autoridad al profesor. Y lo más importante: nuestro sistema educativo tiene que estar muy lejos de doctrinas y partidos, tiene que ser neutral y estable. Tal vez el mayor problema es que la configuración educativa española no está ideada por personas competentes en la asignatura pero sí por politicos con convicciones diferentes e intereses ocultos. El futuro de España debería estar unos peldaños más arriba que las ideologías.

En España se sigue prefiriendo la memorización por encima del razonamiento, el argumento y las “palabras propias”, y aquí está uno de los mayores problemas. Sé de compañeros que se sacaron el curso a base de copiar, literalmente a copiar: dando el “cambiazo” al folio del examen por hojas escritas la noche antes (sino la hora anterior en otra clase) en las que parafraseaban párrafos del libro; otros más legales aprobaron vomitando los parágrafos que se habían empollado, aprendido, del manual de historia o literatura, entre otros. En este maldito sistema educativo no se fomenta el placer a la lectura, los libros (casi siempre aburridas elecciones del profesor) se imponen. 

La escuela es como la vida: presenta desafíos y nos enfrenta a nuestros límites poniendo en juego nuestro saber. Pensar que hay una manera de escapar, una carretera secundaria, una vía de servicio, es un error.

Pan para hoy y hambre para mañana, querida Celaá.

P.D.: Sobre las asignaturas de Religión e Inglés ya hablaré en otras semanas.

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (27/11/2018)