Langosta

Es antigua, del 2015, pero la pasada noche la vi con un amigo y me acordé de lo fantástica que es Langosta, la primera película en inglés de Yorgos Lanthimos, director de la recién Oscarizada La favorita. De echo, la mencioné en mi artículo “40”, sobre mis pelis favoritas. The Lobster tiene una premisa loca y perturbadora: el gobierno reúne a los adultos solteros y los encierra en un hotel donde se les dan cuarenta y cinco días para enamorarse. Aquellos que no lo hagan, se convierten en animales. No es nada nuevo, de esto van los cuentos de hadas; de transformaciones mágicas, de reglas arbitrarias y del poder redentor del verdadero amor. Las fábulas en la gran pantalla suelen tener un toque de fantasía y maravilla pero Lanthimos presenta al amor como un negocio opresivo, mortalmente serio. Una edición majestuosa y mesurada, unos colores pastel, un diálogo directo e inteligente y una protagonista Rachel Weisz con una voz envolvente y bellísima que provoca en mí lo mismo que las sirenas a Homero, hace que una idea surrealista parezca lo más mundano.

Al personaje de Colin Farrell, David, le preguntan en qué animal quiere convertirse. «Una langosta», dice, «porque son longevas y permanentemente fértiles» y porque ama el mar. David no pone en duda el derecho del hotel a confinarlo y controlarlo. No parece alarmado ante la posibilidad de perder su humanidad. Digo yo que es porque cada vez somos menos humanos y más animales; sólo hace falta abrir el periódico para entender lo que digo.

Yorgos Lanthimos deforma nuestras expectativas de amor. Los habitantes del hotel se definen con una característica, luego buscan pretendientes que las compartan. Cojo y hombre con un soplo buscan mujeres con los mismos problemas. Incluso los créditos reducen a las personas a lo esencial: los personajes tratados por su nombre en pantalla se identifican solo como “Hombre ciego” o “Mujer con hemorragia nasal”.

Esa obsesión con las características coincidentes parece ser una sátira de los algoritmos de compatibilidad en los que se basan aplicaciones de citas online. Cuando los personajes comienzan a fingir enfermedades para conectar entre sí, Langosta se convierte en una crítica a las personas que cambian para impresionar a otras, a los que tienen dos caras. Lo que comienza como un simbolismo irónicamente divertido se expande gradualmente para hacerse cargo de la película. Langosta comienza con una premisa ilógica para luego extraer cada idea, hasta sus extremos más grotescos y más atenuados. Y la esperanza no es parte del paisaje, pero la rebelión sí. Aunque en este maldito mundo, la rebelión también tiene reglas —para saber cuáles, tendrá que verla.

The Lobster presenta un mundo sin ambigüedades, en el que muchos quieren vivir. Un mundo aburrido. La de Langosta no es una sociedad de matices o compromisos. Es una sociedad como en la que estamos viviendo, donde todo va por normas, por modas, por lo que hacen los demás. Somos la sociedad del espectáculo y de la desinformación. Todo está destinado a ser blanco o negro: los personajes están en una relación o son miserables, son obedientes o brutales.

Esta historia no está dispuesta a conformarse con algo tan simple como un final feliz para siempre. Nosotros tampoco deberíamos querer un final feliz.