Castillo de naipes

No haría falta, pero como hay mucho crispado y muchos que no entienden lo que leen, lo digo: toda persona que discrepe conmigo debería atacar a mis razonamientos y no a mi persona –si soy machista o no, o si defiendo las violaciones o no; no es la respuesta. a todo lo anterior, por cierto.

¡Consternación! El tsunami de acusaciones sexuales que no amansa, se ha cargado a una de las mejores series de Netflix, House of Cards, a la que era adicto. Su estrella, Kevin Spacey, quien interpreta(ba) a un presidente monstruosamente corrupto de Estados Unidos, fue acusado de abusar sexualmente de un joven hace no sé cuántos años en una fiesta. Se le culpa de un comportamiento similar en el teatro Old Vic de Londres, donde fue director artístico durante más de una década. Netflix lo despidió fulminantemente de la serie, de la que también era productor. Poco después, se rumoreó que se le retiraría el premio Olivier que se le había otorgado en 2015 en agradecimiento a su gran labor en el Old Vic; no sé cómo terminó eso, no sigo gilipolleces. La Academia Internacional de Artes y Ciencias de la Televisión tampoco le entregó el Emmy en reconocimiento larga y exitosa a su carrera.

¿Es esto apropiado? Estos galardones se conceden por una gran actuación, en gratitud a algo. Kevin Spacey sigue siendo un talentoso actor y devolvió a su esplendor al Teatro Old Vic, que se encontraba en terribles condiciones. No hay aún veredicto para ninguna de las acusaciones. Sin embargo, suponiendo que algunas de las afirmaciones, o incluso todas, sean ciertas, olvidar sus logros por esos hechos demuestran la inutilidad de la civilización en la que vivimos, una artificial. La lista de gente que conocemos todos pero que no han sido precisamente santos se remonta a la Edad Media, cuando el poeta Chaucer fue acusado de violación y el escritor británico Thomas Malory fue encarcelado más de una vez por una serie de delitos que incluían extorsión, desfloración y robo.

Entre los escritores modernos, Arthur Koestler (1905 - 1983), autor de la novela El cero y el infinito, fue un agresor carnal en serie que escribió a su segunda esposa que “todo deleite comienza con una violación”.

El premio Nobel de literatura William Golding, autor de la novela El señor de las moscas de 1954, escribió en unas cartas privadas que cuando era adolescente habría intentado deshonrar a una niña de 15 años.

Eric Gill, un escultor pionero que murió en 1940 y cuyas tallas de Próspero y Ariel adornan la Broadcasting House en Londres (hogar de la TV pública inglesa), abusó sexualmente de sus hijas, mantuvo relaciones incestuosas con sus hermanas y se propasó con su perro. Toma ya.

Entonces, ¿podemos separar el espantoso comportamiento de estos artistas del genio que son? ¿Podemos disfrutar y admirar la película de Roman Polanski El pianista sabiendo que se declaró culpable de tener relaciones sexuales con una niña de 13 años y haber sido acusado de otras agresiones? Aún más preocupante, ¿es esa creatividad resultado de los problemas mentales que puedan tener? Eric Gill grababa los encuentros con sus hijas para luego usarlas como modelos de sus conmovedoras esculturas. Y William Golding, siendo profesor en una escuela pública, ponía los niños en fila, uno detrás de otro, para observar como se comportaban; el resultado de lo que vio fue su novela más aclamada, un descenso a los infiernos y el sadismo de los niños solos en una isla desierta.

Algunos de los poemas de T.S. Eliot son antisemitas. El músico Ezra Pound apoyó el fascismo. ¿Debemos pues parar de escuchar la música de Wagner dada su asociación inseparable con el nazismo? Pero esperen, que esto no sólo va de gente de cultura: quien fue Primer Ministro inglés, David Lloyd George, por ejemplo, era un promiscuo. Su secretaria escribió en su diario que vivía “una doble vida”.

Me apuesto lo que quiera que no conocía la parte oscura de Lloyd, Golding o Gill. Así que, ahora que lo sabe, ¿Las esculturas de Gill se vuelven feas de repente, o dejarán ustedes de leer a Golding?

Sus carreras pueden haberse derrumbado (ya hablaré de eso otro día) como si de un castillo de naipes se tratarán pero, queridos y queridas, sus logros indiscutibles perdurarán. Les guste o no. Perdurarán.

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (14/01/19)