Problemas muy británicos

¡Bienvenido a Problemas Muy Británicos! «Entra, estás en tu casa», oyes cuando te abren la puerta de una vivienda londinense. Detrás de esa frase inocente a simple vista hay mucho implícito: lo que quieren decir es «entra pero primero quítate los zapatos. Y no te acerques al aparador. Y... mira, sólo siéntate en ese rincón del sofa».

Los Problemas Muy Británicos son imposibles de curar porque están arraigados en las mentes de los ingleses, escondidos detrás de frases confusas, costumbres extrañas y significados dobles. El más usual es el desafío de lidiar con un estornudo mientras se sostiene una taza de té porque la moqueta es casi imposible de limpiar (y lo dice alguien que derramó sobre ella una copa de vino tinto). Es también muy británico eso de poner los intermitentes para agradecer a otro conductor que te haya dejado pasar, en caso de que no haya visto el mini saludo, el pulgar hacia arriba y la sonrisa de oreja a oreja.

Luego están los dos topicazos: la formalidad y el tiempo. Empezando por el primero, hay innumerables maneras de terminar un correo electrónico pero ninguna de ellas quiere decir lo que parece. Me explico: “Me mantengo a la espera hasta que me digas qué te parece” significa que lo único que quieres es que se esté de acuerdo con lo que has propuesto. El “all my best” se traduce como “mis mejores deseos” y significa que te gusta la persona a quien escribes y se abrevia como “all best” que sería algo tipo “buenos deseos”, así estás demostrando que te gusta dicha persona pero quieres dar la sensación de estar ocupado, y preocúpate cuando recibes un sobrio “best” (“lo mejor”) porque eso es un “te odio” en toda regla. Con “warmest regards” (“un afectuoso saludo”) estás sugiriendo que eres un poco rarito mientras que la segunda opción “kind regards” (“recuerdos”) da a entender que estás en modo automático; cuando escribes “many thanks” (“muchas gracias”) sólo das las gracias una vez. Su versión relajada y que implica que te da bastante igual el asunto es “cheers”. 

Hablar del clima con términos humanos resulta casi imposible así que he preparado mi clasificación de cada fenómeno meteorológico: Lluvia fantasma: aguacero invisible a simple vista que sólo sabrás que está ocurriendo cuando tu jersey esté mojado; Sol de ensayo: incluso antes de despertarte sentirás el impacto de los rayos UV contra las ventanas. Te pones una camisa de lino y sales de casa, instante en el que te golpea una ráfaga de aire polar; BarbaSol: “¡Por fin!” exclamarás, un día cálido en el que tus colegas sugieren almorzar afuera. Después de risas bajo el sol, regresas a la universidad y durante una de las aburridas clases tu compañero te dice que tu cara está del mismo color que los buses; Lluvia loca: tromba violenta y ruidosa que aparece cuando hace sol. No tiene moral ni sentimientos; “¡Vaya frio!”: cuando hace fresco pronuncias esa frase al menos tres veces al día (una de camino a la universidad, una cuando vayas a almorzar y otra de regreso a casa), deseas ser un langosta en una olla de agua hirviendo; Sol perdido: el astro estaba destinado a estar en Mallorca pero el GPS no le funcionó y terminó en Gran Bretaña por un día, haciendo que se compare el calor con el de algún otro verano; Hielo misterioso: caminarás alegremente y, de repente, tus piernas estarán encima de tu cabeza y una palabrota saldrá de tu boca; Una sombra de Grey: incapacidad de saber dónde termina la calle y dónde comienza el cielo debido a la niebla; Narnia: lo entierra todo en literalmente milímetros de nieve y los trenes dejan de funcionar, toda la sal se acaba y todos fingimos que no podemos salir de casa; le sigue La basura de Londres: mientras el campo se despierta con una capa de pura belleza blanca alpina, la ciudad tiene que conformarse con una dispersión de caspa que se convierte en un granizado gris, lo que hace que los niños lloren mientras hacen muñecos de nieve color carbón. De todas maneras, aunque no le guste a nadie, los habitantes de Reino Unido amamos el frío, ¡así siempre hay tema de conversación!

No me puedo olvidar de la comida. El mayor problema alimentario que tiene un inglés es la manera de hacer el té. El inglés de verdad, el que va a Ascot y a Wimbledon cada año, está preparado para discutir hasta la muerte el método correcto de preparar dicho brebaje ––si primero va la leche o el agua. Si se lo preguntan, el mayor disgusto del inglés no es que dejen la Unión Europea, es comprar un cargamento de galletas y que sean demasiado grandes para las tazas que tienen en casa.

Y esto es, señoras y señores, el manual de supervivencia para convivir con ingleses. Espero que les sea útil ¡Cuando te has acostumbrado, te contagias!

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (28/10/2018)