Putos miserables

Hace un par de años, tal vez cuatro o cinco, alguien (una licenciada en no sé qué no sé dónde) me dijo que yo no llegaría a ningún sitio porque hacía faltas ortográficas escribiendo en catalán. El mismo verano, con 16 años, después de haber escuchado dichas palabras, publicaba mi primer libro, que hacía dos inviernos que se estaba cocinando. Dos años después escribí otro. Es cierto que el primer volumen es en español y el segundo en la lengua de Shakespeare, pero también es cierto que desde que salió James Bond: detrás del smoking colaboro tanto semanal como mensualmente escribiendo en catalán en diferentes revistas. Tan malo no seré, al fin y al cabo. También conseguí el título de Bachillerato y, por si fuera poco, en los exámenes de selectividad fue en la prueba de dicho idioma en la que obtuve la puntuación más alta y ahora estoy en Londres estudiando Filología Inglesa. A algún sitio me dirijo, me temo, querida… Todos nos equivocamos. Que todos decimos cosas que ni sabemos. Que todos la liamos. Que todos la cagamos. Los errores suceden. Todos los cometemos, es parte de lo que nos hace humanos. Cómo reaccionas y respondes a los errores es algo que demuestra cómo es tu carácter.

Si pudiera volver a 1889 y estrangular a Adolf Hitler en su cuna, ¿lo haría? Por una parte, la respuesta es obvia: por supuesto, sí. Si no hubiera vivido Hitler, probablemente el Partido Nazi hubiera carecido del líder carismático que necesitaba para alcanzar el poder. Presumiblemente, no habría habido la Segunda Guerra Mundial, ni el Holocausto, ni millones de muertos en los frentes orientales y occidentales. Pero, por otro lado, sin una Segunda Guerra Mundial, las mujeres tal vez aún serían amas de casa a tiempo completo y la rápida expansión de la educación superior se hubiera estancado ya que los soldados sobrevivientes no habrían estudiado después de la Guerra al no recibir ningún incentivo. Tampoco tendríamos la pacificación de Europa. Aunque esta Europa ahora es defectuosa, está rota y tiene unos mandatarios que ignoran al vecino y la sabiduría. En España, parece que para ser político no hace falta ni tener la ESO. En España (y ni mi ciudad natal de Manacor ni Mallorca se salvan) tenemos unos políticos que desconocen la sintaxis, la lingüística, los vecinos, la memoria histórica, el habla no sexista… Tenemos en el gobierno a una muchedumbre sin educación, unos dignatarios sin modales que además son unos granujas, unos tarambanas que le han cogido el gusto a todo esto, a vivir del aire y a robar. Vivimos en un puto despropósito en el que cualquier cateto, incluso el que es más simple que el mecanismo de un peine, puede mandar en un ayuntamiento.

La historia es una red de causas infinitamente complejas. Borrar errores del pasado es borrar el mundo actual. No podemos volver atrás y saber lo que sabemos ahora. 

Con todo esto sólo quiero decir que las elecciones municipales (y las europeas y autonómicas) están a la vuelta de la esquina, piensen muy bien a quién vota y a quién no. Ya se lo dije en Abril, que es una tarea jodidamente espinosa. Yo, si le sirve de consuelo, ya sé a quién daré mi voto, y no será a alguien que se equivocó prediciendo mi futuro.