Mujeres

Las reinas están de moda, y eso sin tener en cuenta la película de Freddie Mercury. Mejor dicho, las reinas históricas están teniendo su momento, cortesía de María Reina de Escocia de Josie Rourke, que se estrena el 8 de febrero, y La favorita de Yorgos Lanthimos, un relato de las relaciones de la reina Ana de Gran Bretaña con Sarah Churchill (duquesa de Marlborough) y su prima Abigail Hill.

Por una parte, lo único que ha hecho La favorita es poner a la monarca menos conocida de la historia en el radar. Si la película, u Olivia Colman (quien interpreta a la Reina) ganan el Oscar harán más publicidad a dicha soberana que cualquier historiador –de manera incorrecta, claro, porque los diecisiete conejos nunca formaron parte de la corte y sólo sirven para representar los hijos que la dama perdió. Por otra parte, ni María I de Escocia ni Isabel I necesitan introducción (los Tudor, sea por lo que sea, interesan) pero la versión de los eventos de la película de Rourke sí lo hacen por destacar la humanidad de estas mujeres –de igual manera, el encuentro entre las dos es ficción aunque la situación de las dos naciones es completamente real.

Estas monarcas, María y Ana, están separadas por más de un siglo, pero se enfrentaron a desafíos por su sexo. Eran, ante todo, monarcas por derecho propio; al igual que la actual reina Isabel, heredaron su trono, no lo consiguieron con una boda.

Usamos el término “reina” indiscriminadamente tanto para describir a la esposa de un rey como una por nacimiento, pero estas posiciones son radicalmente diferentes. Una majestad de nacimiento lleva la autoridad real, y puede conferir derechos sobre el hombre con el que se casa. Ella es la fuente de poder, incluso cuando casi todos los cargos están ocupados por machos. En ambas cintas las féminas se enfrentan a caballeros vestido de negro: Ana para evitar una rebelión fiscal e Isabel defendiéndose de las criticas por su relación con María. En ambos casos, la dinámica de género se reduce a una sola cosa: los hombres manipulan y castigan a la Reina, pero ella tiene la máxima autoridad.

Es un concepto extraño para las feminazis, pues algunas asumen que la autoridad política femenina sólo lleva instaurada desde hace un siglo, cuando las hembras consiguieron el voto, sin embargo, aquí tenemos mujeres que gobiernan, que ejercen el poder.  Sin lugar a dudas, su posición como soberanas era mucho más complicada debido a su género, pero aún así gobernaron un maldito país. En una época en que el poder era tan personal y con frecuencia se ejercía en virtud de la proximidad con el monarca, las mujeres tenían un acceso íntimo a la reina de la que carecían los consejeros masculinos. Las famosas Cuatro Marías, las amigas que asistían a María de Escocia, tenían mucho más acceso a ella que sus cortesanos varones. En cuanto a La favorita, es palpable la incapacidad de los hombres para acercarse a la reina Ana cuando quieren ser escuchados. En su cámara son las mujeres, primero Sarah y luego Abigail, quienes están cerca de ella y pueden criticarla –y acostarse con ella.

Estas señoras eran perfectamente conscientes de que eran monarcas por defecto, en ausencia de un heredero varón. Ana se convirtió en reina después de la muerte de su hermana e Isabel I, al igual que su hermanastra María, fue porque su hermano murió.

Estas películas son instantáneas de eventos complejos. Dan un vistazo fugaz a los varones que manipularon a estas reinas, a los vientos que las soplaron y a la religión. Lo que logran de diferentes maneras es recordarnos que las mujeres alguna vez ejercieron un poder real y supremo como cabezas coronadas en países llenos de machos. Y ahora, una vez más, es una mujer monarca la jefa de Reino Unido, sobre un gobierno liderado por una mujer. Para que digan…

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (30/01/19)

Principios del siglo XVIII. Inglaterra está en guerra con Francia. Aun así, las carreras de patos y el gusto por la piña florecen.

María Reina de Escocía, o la sórdida relación entre reinas