Elefantes y castillos

Una procesión de taxis negros se detiene frente a los grandes almacenes Selfridges en Oxford Street, Londres. De cada vehículo salen tres o cuatro mujeres elegantemente vestidas y entran en la tienda mientras una limusina aparca. De ella baja una mujer alta y hermosa que también se dirige a Selfridges como una reina. En los siguientes sesenta minutos, estas señoritas saquean la gran superficie, sin ruido ni sospechas. La única señal de que algo extraño estaba pasando es que todas dejan la tienda más gordas de lo que habían entrado, pero eso también me pasa a mí con esos pastelitos que venden… 

El siglo XIX fue un período de cambios abracadabrantes en Gran Bretaña y en gran parte de Europa en general. Los avances tecnológicos de la revolución industrial llevaron al país a una extrema e intensa urbanización y transformaron enteramente la estructura de la sociedad. Millones de personas de clase trabajadora, que durante siglos habían vivido en comunidades sureñas rurales dedicadas a la agricultura, se vieron obligadas a trasladarse a la metrópoli debido al auge del norte industrializado. La llegada de la máquina de vapor –un dardo envenenado para muchos– significó que un número creciente de inmigrantes también se personaban en masa en estas ciudades mecanizadas. Las áreas de tugurios – donde diferentes grupos sociales, religiosos, étnicos y políticos se vieron obligados a luchar por su lugar en el nuevo mundo– se agrandaron prontamente.

Mientras tanto, los individuos de naturaleza más depredadora, virulenta y tóxica se dieron cuenta de que lafechoría era mucho más fácil, más rentable y tenía mayores posibilidades de éxito que currar en un taller automatizado. Poderosas pandillas callejeras comenzaron a brotar en ciudades de todo el país y estallaron violentas guerras en el territorio a medida que estas se afanaban por forjar sus fronteras.

 Cuando hablamos de mafiosos, es imposible no pensar en personajes como Al Capone, John Dillinger o la famosa pareja Bonnie y Clyde. En otras palabras, relacionamos gángster con esa época en los Estados Unidos durante la Depresión, cuando los contrabandistas vestidos con trajes que portaban enormes armas, gobernaban las ciudades. Sin embargo, los siempre gangsters han existido, y lo que es más importante, a pesar de lo que podamos pensar, las mujeres han sido parte activa de las pandillas desde siempre

Destaca en Londres la banda conocida como Los Cuarenta Elefantes (‘Forty Elephants’ en inglés), seguramente el primer grupo violento feminista, y tal vez el único hasta hace más bien poco. Los (no me reprochen que no me refiera a estos individuos como “las” porque no lo haré )Cuarenta Elefantes, eran un sindicato del crimen formado exclusivamente por mujeres del bario de Elephant & Castle (en español, Elefante y Castillo, de aquí su nombre), una zona al Sur de Londres conocida por la mezcla de culturas y por ser la milla de oro sureña, siendo uno de los principales objetivos de las tropas enemigas.

Estas mozas se especializaron en robar en tiendas y asaltar a otras bandas. Fueron mencionados por primera vez en los periódicos de 1873, aunque se cree que ya estaban en activo a finales del siglo XVIII. Trabajaron junto a la viril notoria cuadrilla “Elephant & Castle”, un extenso y poderoso ejército de criminales que dirigían el inframundo austral londinense. Los Cuarenta Elefantes estaban bien organizadas y tenían células en otras ciudades y barrios, haciendo aún más extensas sus actividades. 

Asaltaron esmeradamente comercios del West End vistiendo abrigos muy ajustados, fajas, orejeras, faldas y sombreros con bolsillos ocultos que usarían para saquear miles de libras en cuestión de minutos. Otra de sus tácticas era la de obtener trabajo como empleadas del hogar para robaren la casa. En el siglo XX, comenzaron a usar coches de alta potencia para adelantar a la policía y usarían la red ferroviaria para asaltar otras urbes. Por si fuera poco, todos los chorizos que operaban en su territorio estaban obligados a pagarles una comisión de sus ganancias y los que se negaban eran chantajeados, secuestrados y maltratados. Los Cuarenta Elefantes fueron responsables de la mayor operación de robo en tiendas jamás vista en Gran Bretaña entre los años 1870 y 1950.

 Su líder más notable fue la aún célebre ‘Diamond Annie’, nacida en 1896, conocida como la reina de las pandillas. Annie pasó a la fama al ser el cerebro que dividió a la banda en subgrupos para atracar simultáneamente varios negocios al mismo tiempo. Según la policía, era la maleante más avispada, sagaz y perspicaz. Su apodo, en español Diamante Anna, tiene origen en los puñetazos que daba llevando anillos de que sé yo cuantos quilates. Es ella la que en Otoño de 1915 bajaba de la limusina.

Las mujeres rara vez llevaban lo que robaban: los bienes sustraídos se enviaban al Sur de país, los objetos de poco valor eran vendidos en mercadillos callejeros, las joyas iban a los usureros o prestamistas y la ropa de marca a las tiendas que estaban dispuestas a cambiarlas etiquetas por otras de firmas no conocidas. Los Cuarenta Elefantes aterrorizaron a Londres y a los criminales más despiadados de ese tiempo durante casi dos siglos.

 Estas muchachas eran audaces e inteligentes. Seguramente por esto no sean célebres, ¿será que eran mujeres?

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (20/01/19)