Extrañas vidas

Harry sobre el escenario, viste unos vaqueros oscuros y una camisa negra, micrófono en mano. En el fondo, las torres curvilíneas de cristal y mármol de la ópera de Sydney. Entre él y un gran tramo de escaleras, filas y filas y filas de sillas plegables blancas, cientos y cientos de ellas, todas vacías, menos una.

Más tarde ese día pronunciaría su discurso ante dignatarios, veteranos y heridos de guerra, deportistas, la prensa y el público. Pero aquella mañana sólo había una oyente (o dos): su embarazada mujer, Meghan.

La escena es elocuente. Es como el director de orquesta jugando con la batuta entre sus dedos, es como Rocky Balboa en su habitación la noche antes de luchar contra Apollo Creed, es como Barack Obama esperando saber si gana o no las eleciones, es como un preso de camino a la silla eléctrica. Una escena a la vez conmovedora y algo melancólica: la desolación del lugar le da un sentido más fuerte que cualquier multitud en los vastos espacios ceremoniales en los que estas dos personas, un joven y su nueva esposa, viven sus extrañas vidas.

Y una idea de hasta dónde ha llegado –desde el niño pelirrojo que enterneció al mundo entero caminando detrás del baúl de su madre hasta el Harry casado, pasando por Harry el travieso, Harry el sucio, Harry el fiestero, Harry el chico, Harry el perdido... - es que este Harry ha luchado en la guerra y será padre. "Esta pieza nueva y hermosa, Majestad, no me queda tan bien como usted piensa", dice su homónimo en Enrique IV. Para este Enrique, la nueva y bella pieza es la adultez y le queda de maravilla.

Sea como sea que vea el papel que él ocupa -tal es usted de los que ve la monarquía como unos parásitos o quizás los admira–, puede pararse un segundo, olvidar sus criticas y, tal vez, pensar en la rareza de estas vidas. Imagine su vida rodeado de gente, imagine usted un océano infinito de rostros de extraños que se giran hacia usted y que lo acompañan casi en todas partes. Estar solo entre la multitud.

Ahora imagine también lo que significa, en este estadio lleno de sillas vacías, ver una cara, una cara en particular, una cara conocida, que te mira entre la multitud y te conoce.

Creo que estará absolutamente bien, este muchacho.

*Artículo publicado en la revista 7Setmanari (14/11/2018)