Mis 20 años

Los 20 han sido, en el buen y mal sentido, uno de los años más extraños de mi vida y afortunadamente aún no han terminado. He reflexionado bastante sobre todo lo que me ha pasado y no me ha pasado. Como resultado, está siendo un período de cambio y, con un poco de esfuerzo, los hábitos, pensamientos y rasgos que he querido cambiar durante años están empezando a notarse. Recientemente me sorprendió que parte de esto pudiera deberse al hecho de que este verano se cumplen cuatro años desde que terminé la ESO y dos desde que deje mi ciudad natal de Manacor para ir a la universidad. 

Ahora pienso en las cosas que creía saber acerca de ser un adulto (aunque para mi madre aún no lo sea) y me doy cuenta de que me faltaban saber muchas. Desearía poder contarles a todos los jóvenes de 16 todo lo que he aprendido en los últimos cinco años para hacerles más fácil el siguiente tramo. Pero no puedo. Así que decidido hacerlo aquí, incluso sabiendo que poca gente de ese rango generacional me lee.

Contrariamente a la canción de Baz Luhrmann (Ladies and Gentlemen of the class of '99 / Wear Sunscreen / If I could offer you only one tip for the future, / Sunscreen would be it; “Señores y señoras usen protector solar. Si pudiera ofrecerles un consejo para el futuro, sería éste: usen protector solar”), no creo que siempre debas usar protector solar. Un día caluroso, de Sol radiante, ve a la playa sin usar crema solar. Sólo ponte un poco de ese aceite bronceador del que tu madre tiene en la cesta de la playa. Conviértete por un día en un pollo asado para que cuando vuelvas a casa tengas la piel caliente y de color frambuesa y que, con el paso de los días, se llenará de ampollas como si fuera un plástico de burbujas. Quémate tanto que tengas que dormir desnudo y sin sábanas porque el simple roce te duele. Entonces, y sólo entonces, sabrás lo importante que es la protección solar y la usarás el resto de tu vida. 

No te preocupes, los días de colegial no son los mejores de tu vida y quien diga eso que venga a hablar conmigo. Sin embargo, sí son los días más largos de tu existencia, sin lugar a duda. Si tienes la suerte de vivir una extensa y plena vida, los 15 años que pasas en la escuela son sólo una diminuta fracción del quesito. Te prometo que ninguna hora pasará tan lentamente como la de una clase de matemáticas. 

Lo que desearía haber sabido a los 16 años es que cambiaría mucho y que eso es algo fantástico. Desearía poder afirmar que siempre he sido alguien que se ha conocido a sí mismo y que ha tenido unos valores. Me gustaría decir que era una persona sensible, elocuente y sensible de 15 años. Pero no puedo.

He hecho cosas que al recordarlas me provocan arcadas y siento que voy a vomitar de vergüenza. Cosas como esa estupidez desagradable que dije a alguien a quien casi no conocía en una fiesta en 2016. A veces me paso la tarde preguntándome cómo puedo ponerme en contacto con esa persona y pedirle perdón. Mi consejo es este: no permitas que tu orgullo se interponga en tu camino. Es completamente correcto cometer errores, particularmente cuando eres joven, pero no está bien cometerlos una y otra vez, especialmente si te hacen sentir mal a ti y a todos los que te rodean. E intenta ser agradecido tanto como puedas —decir “gracias” es gratis y significa mucho. Y no hables demasiado de tus proyectos futuros porque cuando se hagan realidad la gente los tendrá aburridos y no tendrá interés en ellos.

La vida es dura. Nadie me lo había advertido y desearía que lo hubieran hecho. Te sucederán cosas realmente terribles —a ti, a las personas que amas y las que no conoces. Es imposible saber cuándo algo malo está a punto de pasar y no deberías intentar saberlo. Pero también te pasarán cosas buenas. Habrá tartas de cumpleaños caseras y puestas de sol albaricoque en lugares que ni siquiera sabes que existen. Nadarás en ríos y océanos, habrá libros, fines de semana junto al mar y cortes de pelo que te harán parecer otra persona. Habrá sabores de helado que ni puedes imaginar y edificios 300 veces más viejos que tú. Habrá canciones. Y ve al cine, no sólo mires películas en el sofá de casa: ve al cine. 

No gastes el dinero en cosas extremadamente caras porque nada es eterno. Gasta todo tu dinero en experiencias y viajes, pero no te molestes en ahorrar y no te sientas culpable por no hacerlo porque no ganarás suficiente dinero para hacerlo correctamente hasta que tengas al menos (imagino) 28 años, y sólo si lo has hecho todo como toca. Deja de hablar sobre hacerte un tatuaje si no vas a hacerte uno. Y recuerda que nadie sabe cómo tener sexo hasta que lo ha hecho un par de veces. En un momento u otro, perderás a casi todos tus mejores amigos del colegio, y no te preocupes porque muy a menudo es la mejor opción, por mucho que duela. Conocerás a otra gente con quien tendrás muchas más características en común.

Necesitas beber mucha más agua de la que crees. Te sentirás incómodo al principio y tendrás que orinar constantemente pero poco a poco tu cuerpo se acostumbrará y anhelará beber agua. Todo será mejor: tu digestión, tu despertar, tu concentración… Ni siquiera tendrás mal aliento mañanero. Ojalá hubiera sabido esto antes.

Mantén a las personas que quieres cerca de ti. Haz un esfuerzo, dedícales tiempo y cuida esas relaciones. Es posible que nunca puedas pagar un Picasso, pero estos amigos, los de verdad, se convertirán en las mejores obras de arte que podrías tener. Crecerán en valor con cada año que envejezcáis y sólo con la edad apreciarás su valor único.

*Artículo publicado en Diario de Mallorca