El Cielo en la Tierra

Las donaciones de multimillonarios, empresas y ciudadanos para la restauración de la catedral de Notre-Dame superan los 900 millones de euros cuando escribo este artículo (después de sólo dos días del incendio). Louis Vuitton Moët Hennessy, L'Oréal, la petrolera Total, otros clanes como los Bouygues o los Decaux, Apple, el banco estatal Caisse des Depots... son algunas de las empresas que ya han ayudado económicamente a París. El presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, propusó que los diputados donasen su sueldo de ese día para contribuir a la causa; si lo hicieran los 751 diputados de Estrasburgo, supondría aproximadamente unos 225.000 euros adicionales.

Es alentador, más que alentador, ver como diferentes figuras adineradas y públicas dan dinero para la reconstrucción de Notre Dame. Es innegablemente importante que mantengamos edificios tan hermosos e históricos. Sin embargo, luego me pongo a darle al coco y no termino de comprender ni en qué tipo de sociedad vivimos ni en qué principios nos basamos.

Durante la Edad Media, gran número de los edificios y obras de arte fueron pagadas por mecenas. La construcción de las bellas iglesias de Chartres, Colonia y Stephansdom, entre otras cientos, fueron posible gracias a los regalos de comerciantes y nobles extremadamente ricos. Capillas de gremios, altares tallados y ventanales vidriados fueron pagados de sus bolsillos. Disfrutamos de algunas de estas joyas consecuencia de estas donaciones públicas hechas para o asegurarse un lugar en el cielo o para demostar su poder terrenal o consecuncia de ambas. Sin embargo, había otra manera con la que estos señores y magnates mostrarían su munificencia: en limosna para los pobres, dándoles dinero y construyendo hospitales y comedores sociales para su cuidado. Si bien la mayoría de las ciudades tenían medios básicos para al menos intentar ayudar a los menos afortunados, estos ingresos proporcionaron un valioso servicio cívico, especialmente durante el ocaso medieval. Las gripes y enfermedades estaban, más o menos, controladas. La hambruna no era el mayor problema. Años más tarde, en el planeta Tierra del siglo XXI, parece que hay mucho más de lo primero mucho menos de lo último.

¿Recuerdan Grenfell Tower? Ese bloque de viviendas pobre en uno de los barrios más ricos de Londres que en Junio de 2017 ardió terminando con la vida de 72 inocentes. Si bien hubo varias donaciones sustanciales, gran parte de los 20 millones de libras recaudados provinieron de micro-donaciones de gente como usted y yo. Las donaciones más voluminosas vinieron de distintos grupos de gente anónima que se reunió haciendo ruido. En contraste, las élites ricas ponían en duda si ese dinero debía destinarse a Grenfell o a arreglar las calles. Los adinerados de Chelsea se quejaron al saber que dichos vecinos serían realojados temporalmente en su barrio. Los barones atacaron públicamente a varios supervivientes, incluyendo al hombre en cuyo apartamente había comenzado el incendio. Quizás parte del problema es resaca de las actitudes de la época victoriana, que elogiaba los valores de la autosuficiencia y de la división de clases (prueba de ello son las típicas casas londinenses edificadas en dicha etapa). Quizás la xenofobia juega un papel importante, ya que muchos de los habitantes de la torre Grenfell eran migrantes. No recuerdo que ninguna empresa ni diputado donáse nada a Grenfell Tower.

En lugar de aplacarse a medida que avanza el siglo XXI, la lucha de clases crece como la espuma en situaciones como esta.

Mientras observamos con consternación las brasas ardientes en Notre Dame, es importante que algunos recuerden que un edificio tan maravilloso fue construido para celebrar una fe que hace hincapié en ayudar y consolar a los pobres, sin importar quiénes sean. Detrás de las estatuas de los santos, hay (o había, no lo sé) unos versos grabados, Salmos y parábolas, que piden al siervo que deje de lado sus ideas preconcebidas y que de a los que más lo necesitan. Esta verdad mundial, que estamos juntos en esto y no podemos hacerlo solos, está literalmente escrita en piedra.

Las catedrales como Notre Dame se construyeron para dar a sus congregaciones un pedacido del cielo. Es imperativo que, a medida que evolucionamos, nunca olvidemos que muchos de nosotros, especialmente los que tenemos la suerte de tener un techo bajo el que dormir, tenemos el poder de llevar una pequeña parte de ese cielo a otros en la tierra a través de nuestras acciones.

Ayudemos a reconstruir Notre Dame y, al mismo tiempo, trabajemos en la reconstrucción de los lazos de la comunidad para unir las diferencias sociales. De lo contrario, ¿cuál es el sentido de esos lugares tan hermosos si no significan nada?