Energías

Este es una artículo que jamás imaginé que escribiría. Jamás pensé que relataría lo que voy a contar a continuación porque jamás se me ocurrió que haría tal cosa y, sin embargo, aquí estoy, reflexionando sobre la cita a la que fui, con una curandera de energía. Tal vez ya le haya perdido, tal vez ya haya puesto los ojos en blanco, yo habría hecho lo mismo hace un mes. Solía poner los ojos en blanco hablando de yoga.

Hace un tiempo una conocida me habló de las sesiones de sanación a las que había ido y que le habían cambiado la vida y la manera de enfrentarse al mundo y sus problemas. Tenía curiosidad sobre el tema y lo googlé para saber más. Me pareció interesantísimo y decidí enviar un email a Carmen, una curandera a unos treinta minutos de donde vivo, con quien reservé una cita de una hora, aunque se alargó unos minutos más como ella ya me había avisado que solía pasar. Cabe decir que como para estas cosas no hay ni tiempo ni espacio, la terapia también puede hacerse por videollamada. ¿Qué diría una psíquico sobre mí? ¿Algo de eso sería cierto o se mostraría a sí misma como una completa mentirosa? ¿O sería cómo un horóscopo, que me diría muchas cosas pero me dejaría igual? Para que quede constancia, sigo pensando que los signos del zodiaco son pura literatura de fantasía que yo mismo podría escribir, sin embargo, me reservo el derecho a cambiar mi postura en el futuro. Admito que en el bus, de camino a su casa, me entró la risa floja pensando qué iba a hacer. Iba con un par de cosas en mente para preguntarle y decirle ya que en los mensajes que nos habíamos intercambiado me comentó que intentaría eliminar las malas energías en mí. ¿Esperaba que la sanadora mirará su bola de cristal y dijera con certeza lo que me depara el futuro o lo que me atormenta? No exactamente. Honestamente, no estaba seguro de qué esperar, pero estaba abierto a cualquier cosa que quisiera decirme.

Imagino que las sesiones de curación varían entre los curanderos, pero así es como fue la mía: me presenté en su casa y me llevó a una gran habitación  con dos sofás de piel, una butaca, una camilla en el centro y libros, muchos libros, donde se llevaría a cabo la sesión. Empezamos hablando de mí y de lo que me preocupaba. Ella iba tomando notas. Luego me tumbe en la camilla, me tapó con dos mantas (durante la sesión uno siente cambios de temperatura) y me puso un aparato, del tamaño de un walkie-talkie, sobre el pecho y otro entre las piernas que medían mi energía y la recibían o emitían. Ambos con los ojos cerrados, me cogió una muñeca y durante unos, calculo, cuarenta minutos la tocó con sus dedos. Luego se levantó y me hizo repetir una serie de frases perturbadoras sobre lo que habíamos hablado mientras se movía a mi alrededor y tocaba diferentes partes de mí cabeza, hombros y pecho. Fue difícil en más de una ocasión contener tanto las risas por la situación como las lágrimas por lo que me hacía repetir, en mi mente y en voz alta. 

No sabía muy bien qué responderle cuando me preguntaba algunas cosas ya que al principio me dijo que no debía contestar lo que pensaba pero lo que sentía. Según me contó, los humanos enviamos una ondas y recibimos las mismas de la gente con la que nos rodeamos. Estas ondas las podemos generar nosotros mismo o haber heredado tanto de nuestros padres o de vidas pasadas (y esto pasa tanto si cree en la regeneración o no). Ella, Carmen, se encargó de romper las relaciones cuerpo-mente que provocan que estemos tensos o que nos comamos demasiado el coco. Ahora he aprendido a decir “Let it go” (‘déjalo ir’) cuando me subo por las ramas, y funciona. He aprendido otras muchas cosas sobre mí mismo, pero esas me las guardo.

Al acabar la sesión, Carmen me comentó las relaciones que había roto. Historias, momentos, del pasado que sin saberlo me preocupaban. Me hablaba con años, lugares y personas reales. Sabía de qué hablaba, hechos que yo no le había contado. Edades de las que yo no me acordaba pero tienen sentido. Charlamos poco pero ella sabía mucho de mí, de mi pasado y presente (no de mi futuro, Carmen no es futuróloga). Al terminar me encontré con un amigo, quien nada más verme me preguntó era si estaba drogado ya que parecía estar muy relajado. Y la verdad que lo estaba y lo estoy. Carmen me dijo que “shit happens and magic follows, allow it!” (‘las cosas buenas vienen después de las malas. ¡Deja que pasen!’) —este, en inglés, es también el título de su magnífico libro biográfico/de ayuda.

Visitar un curandero de energía es una oportunidad para decir en voz alta exactamente qué sientes. Carmen fue la primera persona a la que se lo dije. Una vez que lo vocalicé, fue como si me diera permiso para gritarlo. Si quiere fascinarse, esta es la web de Carmen, www.healyourstory.co.uk, quien ni me paga ni me regala sesiones por escribir esto.

Source: http://www.healyourstory.co.uk