Putas y feministas. Feministas, y putas

El Día de la Mujer, o de la Mujer Trabajadora o del Feminismo, o como quieran que sea ahora el 8 de Marzo, fui al centro de Londres a hacerme con un libro que se acababa de publicar: The Five, sobre las cinco putas (mujeres) que Jack el Destripador ha matado. A lo lejos, se oían gritos y tambores y se podía ver, a través de la lluvia, un pelotón de gente con pancartas. Entre la aglomeración había de todo: mujeres con tacones, putas cons vestidos largos, mujeres con minifaldas, abuelos, niños, hombres con pelucas... la curiosidad hizo que me a contemplase la escena, variopinta: era el Colectivo de Prostitutas Inglesas manifestándose por la igualdad de la mujer, y de la puta. Mucho se habla de putas. Pérez-Reverte define el puterío como "la cosa más vieja del mundo" y yo digo que, con esas cinco en mi bolsillo y las otras prostitutas feministas gritando me pregunté quién las protege a ellas, a las que ponen precio a su cuerpo sin estar borrachas.

"Pero ¿y si fuera tu hija? No te gustaría que este fuera el trabajo de tu hija" es el argumento clave en contra de la prostitución. Pata evitarle un mal momento, no imagine a ningún miembro de su familia teniendo relaciones sexuales de cualquier tipo, pagadas o no pagadas, porque la imagen no le gustará.

Por otra parte, yo no tengo ninguna hija pero si la tuviera tampoco me gustaría que fuera reportera de guerra (si sabe quién es Antonio Pampliega, entre otros, me entenderá), vendedora de píldoras para adelgazar (es inmoral aprovecharse de la esperanza de las personas) o portavoz de la izquierda extrema (el diablo ya tiene suficientes defensores). Puede estar de acuerdo o no en que tengo razón en no querer que una hija mía trabaje de alguna de estas cosas pero independientemente de mis ideas, tiene el derecho de perseguir estas profesiones. Puede parecer descabellado, pero tanto hombres y muejeres pueden trabajar usando sus cuerpo como herramienta. Hay muchos países donde la prostitución (de machos y hembras) es legal, como Nueva Zelanda, que la despenalizó en 2003 dando derechos laborales y legales a los trabajadores, haciendo que resulte más fácil rechazar un cliente o llamar a la policía si es necesario. Mientras tanto, en la mayoría de países, este es un tema casi prohibido porque no entendemos que lo moralmente atroz es el tráfico de personas, no la prostitución en sí. Es atroz cuando es forzado. Criminalizar la prostitución la hace clandestina, haciendo que sea imposible acabar con la traba y vulgarizando a los trabajadores, ocultos de la vista del público y sin regulaciones.

Si hay algo que temer en relación con esta profesión, más allá de que es una peligrosa, es que tiende a dejar a las mujeres sin voz. La sociedad descartara fácilmente lo que tienen que decir porque durante mucho tiempo hemos escuchado que los trabajadores sexuales son inferiores o que no tienen valor como persona.

Hasta que a los trabajadores sexuales (incluyendo a mujeres) sean el escuchados y respetados, nada cambiará. Para esto vale la pena recordar a las víctimas de mi amigo Jack. Debemos darnos cuenta de que, como todas las otras mujeres, las putas son tambien hija de alguien. También son su propia persona. Debemos empezar a escuchar que tienen que decir las mujeres putas y los hombres putos.

*Artículo publicado en 7Setmanari (27/3/19)