Ciudades Emocionantes: Londres

Thrilling Cities (“Ciudades emocionantes”) es el título de un diario de viaje que cubre catorce urbes escrito por el británico Ian Fleming. El inglés creador de Bond, quien era bastante mejor escritor de lo que la gente suele creer –como me corrobora Javier Marías–, nunca habló de las ciudades de su país natal, Inglaterra. Así que lo haré yo.

Londres es la ciudad más grande de Europa y la población del mundo en la que se hablan más idiomas a la vez. Tiene más de ocho millones de habitantes que pertenecen a cuarenta culturas diferentes y en 2017 recibió 20 millones de turistas –y ningún londinense se queja por ello.

En Londres uno encuentra el Parlamento de Westminster que saltó por los aires en V de Vendetta o ese barrio de Notting Hill donde se enamoran Julia Roberts y Hugh Grant. Aquí puedes cruzar el puente de la Torre de Londres como hacía Bridget Jones, atravesar el andén 9 3/4 como Harry Potter y visitar a Sherlock Holmes en su casa.

Cuando viaje a esta metrópoli, debe subir al London Eye para sentir Londres bajo sus pies. Con 135 metros de altura, es una de las norias mas grandes e impotentes del mundo. Se sentirá volar como Peter Pan o Mary Poppins. Junto al “ojo” se encuentra el Támesis, uno de los ríos más largos de Europa e icono de la ciudad. Si quiere sentirse como James Bond puede contratar una lancha y recorrerlo como hizo Pierce Brosnan. Los menos aventureros pueden pasear por su orilla y disfrutar del horizonte de esta imponente ciudad, aunque cabe decir que el río no es tan encantador como parece: Hitchcock rodó aquí la primera secuencia de Frenesí, donde aparece un cadáver flotando. Muchos de los edificios emblemáticos de la ciudad se encuentran a orillas del Támesis por lo que un viaje en barco es su mejor aliado. Les recomiendo un crucero con paradas libres para poder subir y bajar tantas veces como le plazca.

El Southbank es una de las zonas más animadas de Londres, al sur del Támesis, donde pueden pasear bajo los árboles con unas vistas colosales, ver una obra de teatro en el National Theatre o visitar el Southbank Centre, un centro cultura. Es en esta zona donde ocurre también una de mis escenas favoritas de Love Actually, cuando Liam Neeson acaba de enviudar y se sienta en un banco con su hijo y este le confiesa que está enamorado. Saint Paul no está lejos. Es una catedral anglicana; la única barroca de Inglaterra y la segunda más grande del mundo; aquí están enterrados el almirante Nelson y Lawrence de Arabia y en ella se casó (y de alguna manera, murió) la princesa de Gales, Diana; y su joya es la cúpula.

Si le interesan los museos, no se pierda el British Museum. Desde su apertura a mediados del siglo XVIII alberga miles de años de historia. Con más de siete millones de objetos de todos los continentes, su colección es de las más grandes del mundo… ¡lo que hace el expolio! Y esto, señores y señoras, les va encantar, la entrada a la mayoría de galerías es gratuita.

Lo mejor para moverse por la ciudad es la Oyster Card, que se recarga con el dinero que quiera y puede ser usada en el metro, bus, barcos y teleféricos. Si no le gusta el transporte público, siempre puede parar a un típico taxi negro de cinco plazas (más económico que el trasporte público si no viaja solo).

Por tradición y probablemente de manera correcta, el hotel Rosewood London es considerado como el hotel número 1 para los visitantes de la capital. Los hoteles de lujo están creciendo como setas en Londres, pero son también favorecidos por los turistas el Dorchester y el Claridge's. ¿Menos dinero para gastar? Existen numerosos alojamientos de cama y desayuno (bed & breakfast) a precios muy razonables repartidos por toda la ciudad.

Hay tantos restaurantes en Londres que probablemente la mejor manera de elegir es caminar despacio hasta que vea uno que le guste, aunque debo recomendar Cambio de Tercio y Rules. Establecido por Thomas Rule, es el restaurante más antiguo de la capital, sirve comida tradicional británica (aunque parezca difícil, le sorprenderá, de postre, el Cropwell Bishop Stilton –galletas y queso con un twist). Por otro lado, Cambio de Tercio, fundado y regentado por Abel Lusa, es el restaurante de referencia para españoles y londinenses en la capital. Situado en el exclusivo barrio de Kensington, se ha convertido en pionero en ofrecer cocina moderna. Por sus mesas han pasado los mejores tenistas, personalidades del fútbol, actores y monarcas. Cambio de Tercio es sinónimo de pasar una rato agradable mientras se disfruta de una experiencia gastronómica innovadora.

Si es lector, en su maleta no pueden faltar Ian McEwan (Sábado) y H.E. Bates (Amada Lydia).

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (18/08/2018)