Vivir sin ser acosado

Una búsqueda rápida en internet de cualquier celebridad revela una gran cantidad de historias e imágenes, desde apariciones en alfombras rojas hasta lo que comen para desayunar. Esta patraña ha sido compartida por miles de personas y leída por muchas más.

El interés de los medios de comunicación en publicar tales historias e imágenes es claro –trabajo–, pero la era tecnológica en la que vivimos ha llevado el periodismo a otro extremo en que la vida personal de las celebridades se analiza más que nunca y no se separa de su carrera. Esto sólo plantea la pregunta de si los personajes públicos tienen derecho a la privacidad.

En 2012, aparecieron en la portada de una revista francesa innombrable fotografías en topless de la Duquesa de Cambridge. Las fotos, que mostraban a la pareja real descansando en una villa privada, habían sido tomadas desde la distancia con demasiado zoom. Una declaración de Palacio describió el uso de las imágenes como “una reminiscencia de los peores excesos de la prensa y los paparazzi durante la vida de Diana, princesa de Gales”. No obstante, la revista afirmó que había un interés público en la relación de los futuros herederos del trono y por eso las publicaban. El tribunal francés claudicó a favor de los Duques y obligo al magazine a pagarles una cantidad indecente (no estoy seguro hasta que punto eso es junto, pero ya es otra cosa), lo que demuestra que debe haber una distinción entre lo que interesa al público y lo que realmente interesa al interés público. No hace falta ir tan lejos ni a otro país para hablar de los abusos de las redacciones: Rafa Nadal es el más reciente, cuando una revista nacional anunciaba su supuesto compromiso. Al rato, la noticia (si puede calificarse como tal) era traducida a docenas de idiomas y era titular en todos los rotativos españoles. La cosa va todavía más lejos con los siguientes artículos. desde incluyendo la especulación de los periódicos de quien serían los invitados (afirmando que, entre otros, el ex entrenador y tío del número uno Toni Nadal estaría en la lista… digo yo que lo extraño sería que no estuviera en ella) o cuál era el origen del nombre de la “prometida”. 

Extremadamente ridículo, una invasión a la privacidad de una persona (y a su familia) que, a pesar de ser mundialmente conocida, tiene también una vida privada como la tiene usted y como la pueda tener yo.

Si bien muchos sujetos se preguntan qué hacen los Duques en sus vacaciones, esto no es suficiente para justificar la invasión de la privacidad a la que conduce la toma de fotos clandestinas o la publicación de decenas de artículos sobre ellos y su prole, que sin comérselo ni bebérselo se ven en el ojo del huracán.

La discusión de que la popularidad no quita la privacidad a menudo se reduce al hecho de que las mortales disfrutan con los chismes de las celebridades y que al meterse en el mundillo firmaron un contrato (inexistente) en el que aceptaban estar en el centro de las miradas. En otras palabras, algunos creen que la sociedad da a los famosos riqueza y una vida maravillosa, y exige, como parte del precio, que se pongan en un escaparate para ser observados ofreciendo diversión.

Eso son sandeces. No hay ningún contrato que diga que para ser conocido uno tenga que renunciar a su intimidad. ¿Por qué debería ser considerado un requisito profesional ser acosado? ¿Por qué queremos saber sobre la vida de las personas que recitan líneas o que dan raquetazos a una pelota? No nos interesa la vida de pilotos o médicos, pero, en cambio, conocer su vida personal nos podría ser útil para decidir si queremos embarcar en un avión o someternos a una cirugía.

No estoy argumentando que no podamos leer sobre las celebrities, hay cosas interesantes sobre ellas, pero la vida cotidiana de Rafa Nadal no es una de ellas. Él, como todos los demás, debería poder vivir sin ser acosado. Diana de Gales no debería haber muerto por unas fotos y, yendo más lejos, no debería haber instantáneas de su coche espachurrado –publicadas otra vez por medios franceses… ejem ejem. 

Creo que hay formas de trazar líneas para proteger la privacidad de alguien que vive entre flashes, aunque tal vez sea cierto que la tarea no es fácil. La pregunta no es si las celebridades tienen derecho a la privacidad, sino cómo se debe lograr un equilibrio entre privacidad, trabajo y libertad de expresión. Las redes sociales nos han brindado una plataforma aún mayor para ejercer nuestra libertad de expresión, pero nuestro derecho a la privacidad del artículo 8 de los Derechos Humanos sigue siendo igual de importante.

*Artículo publicado en Diario de Mallorca (14/02/19)