Brexit y cine

Será bien sabido por los lectores de esta columna con la que me estreno en La Tundra Revista que en junio de 2016 se celebró en Reino Unido un referéndum sobre su permanencia en la Unión Europea fruto de una de las promesas electorales del Partido Conservador liderado, en ese momento, por David Cameron.

Los partidarios de la salida de la UE, quienes resultaron victorioso de la consulta, aseguran, muy superficialmente, que ser miembro limita el poder del parlamento y no tener control sobre inmigración ni acuerdos comerciales. Aquellos que apostaban por continuar formando parte de la Comunidad Europea defendían, nuevamente de manera resumida, que una salida de esta aumentaría las barreras comerciales entre el Reino Unido y los estados miembros.

Ahora que el Brexit es una realidad, el futuro del cine para este país es el de una incierta gloria, pues el principal obstáculo con el que se encontrarán a partir de ahora las producciones cinematográficas británicas será la ausencia de financiación por parte de los fondos europeos además de otras ayudas como el MEDIA Programme que incluye formación, ayuda en coproducción, más facilidad para formar parte en festivales, distribución de películas… Ahora, los británicos dejarán de beneficiarse de estas ayudas mientras películas como El discurso del Rey o Carol fueron algunas de las producciones que, de no ser por estas subvenciones, probablemente no hubieran visto la luz.

Más allá de las ayudas, Europa es actualmente el mayor mercado de exportación para las industrias creativas del Reino Unido, representando un 57%. La cuestión de los visados de trabajo es también es una de las mayores preocupaciones para los trabajadores del séptimo arte en Gran Bretaña. ¿Qué pasará con el personal británico que viaja a Europa para trabajar en producciones como Juego de Tronos, y viceversa? Seguramente todos los trámites pertinentes serán más laboriosos, y en algunos casos más costosos.

Pero no todo tendrían por qué ser malas noticias: a partir de ahora el valor de la libra esterlina sería diferente frente al dólar y el euro, de este modo, las contrataciones en suelo británico se abaratarían para las grandes compañías hollywodienses y europeas. Por otra parte, Gran Bretaña intentaría, quiero pensar, renegociar las subvenciones y parámetros y el gobierno de May podría establecer unos incentivos más atractivos que los de la EU.

Decía el británico Alfred Tennyson en Ulysses (1833, publicado en 1842) que «No tenemos ahora el vigor que antaño / movía la tierra y los cielos, lo que somos, somos: / un espíritu ecuánime de corazones heroicos, / debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida / a combatir, buscar, encontrar y no ceder» y creo yo que terminar así es más que apropiado.

*Artículo publicado en La Tundra Revista (Otoño 2018, #29)